La versione originale, in spagnolo, del contributo di F.M. Arocena

Abbiamo notato che vi sono alcuni lettori del blog provenienti da Paesi di lingua spagnola. Per loro pubblichiamo il contributo di F.M. Arocena anche nella versione originale, testo che avevamo tradotto in italiano e pubblicato nel precedente post.

LOS SALMOS Y LAS ANTÍFONAS DE COMUNIÓN:
UN CIERTO SALTERIO EUCARÍSTICO?

Sobre las antífonas de comunión, la Ordenación general del Misal romano prescribe:

“Mientras el sacerdote comulga el Sacramento, comienza el canto de comunión, canto que debe expresar, por la unión de voces, la unión espiritual de quienes comulgan, demostrar la alegría del corazón y manifestar claramente la índole «comunitaria» de la procesión para recibir la Eucaristía. El canto se prolonga mientras se administra el Sacramento a los fieles. En el caso de que se cante un himno después de la comunión, el canto de comunión conclúyase a su tiempo (…).
Para canto de comunión se puede emplear o la antífona del Gradual Romano, con salmo o sin él, o la antífona con el salmo del Gradual simple, o algún otro canto adecuado, aprobado por la Conferencia de los Obispos. Lo cantan el coro solo o también el coro o un cantor, con el pueblo.
Si no hay canto, la antífona propuesta por el Misal puede ser rezada por los fieles, o por algunos de ellos, o por un lector, o, en último término, la recitará el mismo sacerdote, después de haber comulgado y antes de distribuir la Comunión a los fieles” (nn. 86-87).

El canto de comunión, del que existen ya testimonios en los siglos IV-V, consistió primeramente en el canto responsorial de un salmo. El salmo 33, por ejemplo, aparece en casi todos las Iglesias locales primitivas como canto para la comunión en razón del versículo: “gustad y ved qué bueno es el Señor”. El Ordo RomanusI habla de un salmo cantado ya íntegramente por el coro. Los versículos del salmo fueron disminuyendo con la disminución de la comunión de los fieles, y ésta, al desaparecer prácticamente, hizo que desapareciera también el canto del salmo y quedó sólo la antífona. Actualmente, en las antífonas de comunión tienen una triple temática:

a) la referencia al Evangelio proclamado en la celebración.
En ocasiones esto se ha buscado y se propone de intento, pues si lo que resuena en el momento de la comunión es el Evangelio, entonces es fácil captar la conexión intrínseca que se da entre la palabra proclamada en la celebración y el Don de la Eucaristía.

b) el propio del tiempo o de la fiesta.
Una morada a las antífonas de comunión de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua muestra que los textos están elegidos en función de la espiritualidad propia de esos “tiempos fuertes”. En ellos, son escaas las antífonas que se toma del Salterio.

c) la Eucaristía.
Frecuente sobre todo en el tiempo ordinario. A lo largo de las 34 semanas de este ciclo, casi siempre las antífonas de comunión se toman del Salterio. Un examen sincrónico de esas antífonas revela que los versículos sálmicos se han elegido para cada domingo con el fin de dar un determinado color eucarístico a cada celebración. Lo comprobamos en la tabla que sigue:

DOM. SALMO ANTÍFONA DE COMUNIÓN

1 Sal 35, 10 Señor, en ti está la fuente de la vida, y tu luz nos hace ver la luz.
2 Sal 22, 5 Para mí, Señor, has preparado la mesa y has llenado la copa hasta los bordes.
3 Sal 33, 6 Acudid al Señor, poned en él vuestra confianza y no quedaréis defraudados.
4 Sal 30, 17-18 Ven, Señor, en ayuda de tu siervo y sálvame por tu misericordia. Que no me arrepienta nunca de haberte invocado.
5 Sal 106, 8-9 Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los hambrientos.
6 Sal 77, 29-30 El Señor colmó el deseo de su pueblo: comieron y quedaron satisfechos.
7 Sal 9, 2-3 Proclamaré Señor, todas tus maravillas y me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo.
8 Sal 12, 6 Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho; y entonaré un himno de alabanza al Dios Altísimo.
9 Sal 16, 6 Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.
10 Sal 17, 3 Señor, tú eres mi amor, mi fuerza y mi refugio, mi liberación y mi ayuda. Tú eres mi Dios.
11 Sal 26, 4 Una sola cosa he pedido al Señor y es lo único que busco: habitar en su casa todos los días de mi vida.
12 Sal 144, 15 Los ojos de todos los hombres te miran, Señor, llenos de esperanza, y tú das a cada uno su alimento.
13 Sal 102, 1 Alma mía, bendice al Señor y alaba de corazón su santo nombre.
14 Sal 33, 9 Probad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a él.
15 Sal 83, 4-5 Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que vivenen tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.
16 Sal 110, 4-5 Para perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre su alianza.
17 Sal 102, 2 Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios.
18 Sb 16, 20 Nos has enviado, Señor, un pan del cielo que encierra en sí toda delicia y satisface todos los gustos.
19 Sal 147, 12.14 Alaba, Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo.
20 Sal 129, 7 Mi alma espera al Señor con más ansia que los centinelas el amanecer, porque con el Señor viene la misericordia y la abundancia de su gracia.
21 Sal 103, 13-15 La tierra está llena, Señor, de dones tuyos, de ti proviene el pan y el vino que alegra el corazón humano.
22 Sal 30, 20 Qué grande es la delicadeza del amor que tienes reservada, Señor, para tus hijos.
23 Sal 41,2-3 Como la cierva busca el agua de los ríos, así, sedienta, mi alma te busca a ti, Dios mío.
24 Sal 35, 8 Señor Dios, qué valioso es tu amor. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus alas.
25 Sal 118, 4-5 Tú promulgas, Señor, tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre, al cumplimiento de tu voluntad.
26 Sal 118, 49-50 Recuerda, Señor, la promesa que le hiciste a tu siervo; en ella he puesto toda mi esperanza y ha sido ella mi consuelo en la aflicción.
27 Lm 3, 25 Bueno es el Señor con los que en él confían, con aquellos que no cesan de buscarlo.
28 Sal 33, 11 Los que buscan riquezas, sufren pobreza y hambre; los que buscan al Señor, no carecen de nada.
29 Sal 32, 18-19 Los ojos del Señor están puestos en sus hijos, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
30 Sal 19, 6 Llenos de júbilo porque nos ha salvado, alabemos la grandeza del Señor, nuestro Dios.
31 Sal 15, 11 Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.
32 Sal 22, 1-2 El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas para reparar mis fuerzas.
33 Sal 72, 28 Mi felicidad consiste en estar cerca de Dios y en poner sólo en él mis esperanzas.
34 Sal 116, 1-2 Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos, porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre.

En los 34 domingos, las antífonas de comunión vienen a ser como la sedimentación sacramental y el remanso oracional de cada celebración eucarística. Durante el tiempo ordinario, el canto de cada una de estas antífonas es la musicalización de la comunión de cada día. Es tal la selección y “re-contextualización”de estos versículos sálmicos, que el conjunto de todos ellos parece sugerirnos un cierto “Salterio eucarístico”.

En resumen, el hecho de que las antífonas de entrada y de comunión sean versículos tomados del Salterio, al menos en algunos formularios de misas, pone de manifiesto la riqueza de los salmos, los cuales, por recoger en clave oracional los más variados sentimientos y estados de ánimo, nos disponen a un amplio género de celebraciones, que discurren desde las misas de Adviento, Navidad, Cuaresma… pasando por la celebración de los Santos, hasta las misas para diversas necesidades, votivas y rituales.

La fuente de estas antífonas es, generalmente, la Vulgata de san Jerónimo. La nueva edición típica del Misal Romano, aunque es posterior a la publicación de la Neovulgata, sin embargo no ha modificado el texto de estas antífonas, sino que ha añadido a la cita la indicación “cfr.” cuando el texto no coincidía con el de la Neovulgata. De este modo se respetan las venerables melodías gregorianas, recogidas en el Gradual romano, y que durante siglos se han cantado en las celebraciones del Rito Romano.

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Un pensiero su “La versione originale, in spagnolo, del contributo di F.M. Arocena

  1. Excelente artículo en el que el Prof. Arocena abre un panorama riquísimo para la contemplación litúrgica. También fue excelente la traducción italiana. Este blog cada vez tiene más peso y es más sugerente. Muchísimas gracias. Alberto Portolés

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